Concurso voluntario vs. necesario: diferencias y consecuencias para tu empresa
Cuando una empresa comienza a acumular deudas, pierde liquidez y tiene dificultades para cumplir sus obligaciones, una de las decisiones más importantes es determinar cómo afrontar esa situación. En este contexto, comprender las diferencias entre el concurso voluntario y el concurso necesario resulta fundamental para proteger los intereses de la empresa, sus acreedores y sus administradores.
No es lo mismo que una sociedad solicite su propio concurso de acreedores a que sea uno de sus acreedores quien promueva el procedimiento judicial. Aunque ambas vías se encuentran reguladas por la legislación concursal española, presentan diferencias relevantes en su tramitación, en las facultades de administración y en las posibilidades de anticiparse a los problemas.
En Maralta Legal, como despacho de abogados en Santander, consideramos especialmente importante que empresarios y responsables de pymes conozcan estas diferencias antes de que una situación económica complicada se convierta en una crisis difícil de gestionar.
Qué es un concurso de acreedores y cuándo puede necesitarlo una empresa
El concurso de acreedores es un procedimiento judicial destinado a abordar determinadas situaciones de insolvencia de personas físicas o jurídicas.
Su finalidad es ordenar la situación patrimonial del deudor, establecer cómo deben tratarse los créditos de sus acreedores y determinar si existen posibilidades de continuidad empresarial o si resulta necesario proceder a la liquidación.
Es importante entender que entrar en concurso de acreedores no significa necesariamente que una empresa tenga que cerrar de inmediato.
En determinadas circunstancias, puede mantenerse la actividad mientras se desarrolla el procedimiento. En otras, la situación económica puede hacer inviable la continuidad del negocio.
La solución dependerá de factores como la capacidad de generar ingresos, el volumen de deuda, los activos disponibles y las posibilidades reales de reorganización.
Qué se considera insolvencia empresarial
La legislación concursal distingue entre distintas situaciones económicas.
Existe insolvencia actual cuando el deudor no puede cumplir regularmente sus obligaciones exigibles.
Por ejemplo, una empresa puede encontrarse en esta situación cuando acumula impagos con proveedores, entidades financieras o administraciones públicas y carece de capacidad suficiente para atender sus vencimientos de forma regular.
También existe la insolvencia inminente, que permite al deudor anticiparse cuando prevé que, dentro de los tres meses siguientes, no podrá cumplir regular y puntualmente sus obligaciones.
Esta distinción resulta especialmente importante porque permite estudiar determinadas soluciones antes de que los impagos se generalicen.
Qué legislación regula el concurso de acreedores en España
La principal referencia normativa es el Texto Refundido de la Ley Concursal, aprobado mediante el Real Decreto Legislativo 1/2020, de 5 de mayo, y posteriormente reformado, entre otras disposiciones, por la Ley 16/2022.
Esta normativa regula los presupuestos para solicitar el concurso, sus efectos sobre el deudor, la intervención de la administración concursal y las distintas soluciones del procedimiento.
Concurso voluntario vs. necesario: cuáles son las principales diferencias
La diferencia fundamental entre ambas modalidades se encuentra en quién solicita la declaración judicial del concurso.
En el concurso voluntario, la iniciativa corresponde al propio deudor.
En el concurso necesario, la solicitud procede de un acreedor u otro sujeto legalmente legitimado.
Sin embargo, esta diferencia inicial tiene consecuencias que van mucho más allá de quién presenta la documentación ante el juzgado.
Concurso voluntario: cuando la empresa solicita el procedimiento
El concurso voluntario se produce, con carácter general, cuando el propio deudor solicita judicialmente la declaración de concurso.
En el caso de una sociedad mercantil, la decisión de presentar la solicitud corresponde al órgano de administración, de acuerdo con las reglas legales aplicables.
Esta vía permite que la empresa afronte su situación de insolvencia por iniciativa propia, sin esperar necesariamente a que un acreedor promueva el procedimiento.
Pensemos en una pyme de Santander que lleva varios meses experimentando una reducción importante de ingresos.
La empresa ha intentado renegociar sus pagos, pero sus previsiones financieras muestran que no podrá atender regularmente las obligaciones que vencen próximamente.
En una situación así, resulta necesario analizar si existe insolvencia actual o inminente y qué instrumentos legales pueden utilizarse.
Solicitar el concurso voluntario puede ser una de las alternativas, aunque no necesariamente la única.
Concurso necesario: cuando la solicitud procede de un acreedor
El concurso necesario se produce, con carácter general, cuando la declaración se solicita por un acreedor u otro sujeto legitimado, en los términos previstos legalmente.
Por ejemplo, un proveedor que acumula facturas impagadas puede valorar la solicitud de concurso si concurren los presupuestos legales exigidos.
No obstante, un simple impago aislado no significa automáticamente que pueda declararse el concurso necesario de una empresa.
La solicitud debe fundamentarse en los hechos legalmente previstos y cumplir los requisitos procesales correspondientes.
Además, el deudor dispone de mecanismos para oponerse cuando considere que no concurren los presupuestos necesarios para la declaración.
Tabla comparativa: concurso voluntario y concurso necesario
| Aspecto | Concurso voluntario | Concurso necesario |
|---|---|---|
| Quién lo solicita | El propio deudor | Un acreedor u otro legitimado |
| Situación de insolvencia | Actual o inminente | Actual, con los requisitos legales aplicables |
| Administración del patrimonio | Regla general: intervención de facultades | Regla general: suspensión de facultades |
| Iniciativa | Parte del deudor | Parte de un tercero legitimado |
| Responsabilidad de administradores | Debe analizarse según su actuación | También depende de las circunstancias del caso |
| Continuidad empresarial | Puede ser posible | También puede ser posible |
La diferencia entre intervención y suspensión de facultades es especialmente relevante, pero conviene recordar que el juez puede modificar el régimen general en los supuestos previstos por la ley.
Cómo afecta cada modalidad al control de la empresa
Una de las principales preocupaciones de los empresarios que se enfrentan a un concurso de acreedores es saber si podrán seguir tomando decisiones sobre su negocio.
La respuesta depende de la modalidad concursal, de las resoluciones judiciales y de las circunstancias del procedimiento.
Facultades de administración en el concurso voluntario
Como regla general, en el concurso voluntario el deudor conserva sus facultades de administración y disposición sobre su patrimonio, aunque quedan sometidas a la intervención de la administración concursal.
Esto significa que puede continuar realizando determinadas actuaciones de gestión, pero dentro del régimen de supervisión y autorización que corresponda.
No debe confundirse esta situación con una libertad absoluta para disponer de los bienes empresariales.
La finalidad del control concursal es proteger el patrimonio y garantizar que las decisiones se ajusten a las exigencias del procedimiento.
Facultades de administración en el concurso necesario
En el concurso necesario, la regla general es la suspensión de las facultades de administración y disposición del deudor, que pasan a ejercerse por la administración concursal.
Este cambio puede tener consecuencias importantes en la gestión cotidiana de la empresa.
Sin embargo, tampoco significa que el órgano de administración desaparezca automáticamente o que la sociedad deba cesar toda actividad.
El alcance de las funciones y las posibilidades de continuidad deben analizarse conforme a la normativa y a las decisiones judiciales.
¿Puede el juez modificar estas reglas?
Sí. La legislación permite establecer un régimen diferente al que corresponde inicialmente a cada modalidad cuando concurren las circunstancias previstas.
Por tanto, no sería correcto afirmar que en todos los concursos voluntarios el empresario mantiene el control o que en todos los concursos necesarios lo pierde definitivamente.
Cada procedimiento requiere un análisis individualizado.
Cuándo debe una empresa solicitar el concurso de acreedores
Una de las cuestiones más delicadas en una situación de insolvencia es determinar cuándo debe actuar el órgano de administración.
Retrasar una decisión puede agravar los problemas económicos, reducir las posibilidades de negociación y aumentar los riesgos jurídicos.
El plazo legal para solicitar el concurso
Con carácter general, el deudor que se encuentra en insolvencia actual tiene el deber de solicitar la declaración de concurso dentro de los dos meses siguientes a la fecha en que conoció o debió conocer esa situación.
Sin embargo, este plazo debe interpretarse teniendo en cuenta los mecanismos preconcursales previstos en la legislación.
Por ejemplo, la comunicación al juzgado de la apertura de negociaciones con los acreedores puede producir determinados efectos sobre el deber de solicitar el concurso, siempre que se cumplan los requisitos legales.
Por eso, no conviene esperar al último momento para analizar la situación financiera.
Qué sucede si el administrador solicita el concurso demasiado tarde
El incumplimiento del deber de solicitar el concurso puede tener consecuencias relevantes.
En determinados supuestos, el retraso puede influir en la calificación del concurso como culpable, especialmente cuando se cumplen las circunstancias y presunciones establecidas legalmente.
No obstante, presentar tarde la solicitud no significa que el administrador deba responder automáticamente con su patrimonio personal de todas las deudas empresariales.
La posible responsabilidad debe analizarse atendiendo a la conducta del administrador, las causas de la insolvencia y los requisitos legales de cada acción.
¿Solicitar el concurso voluntario evita responsabilidades?
No necesariamente.
El concurso voluntario permite al deudor tomar la iniciativa, pero no elimina las consecuencias de actuaciones anteriores que puedan resultar contrarias a la legislación.
Si se han ocultado bienes, realizado operaciones perjudiciales para los acreedores o incumplido gravemente determinadas obligaciones, estas conductas pueden ser examinadas durante el procedimiento.
La clave no consiste únicamente en quién solicita el concurso, sino también en cómo se ha gestionado la empresa antes y durante la insolvencia.
¿Es mejor solicitar un concurso voluntario o esperar al concurso necesario?
Desde el punto de vista empresarial, esperar a que un acreedor solicite el concurso no debería considerarse una estrategia general de gestión de la insolvencia.
Cuando existen dificultades económicas graves, resulta preferible estudiar cuanto antes las alternativas disponibles.
Esto no significa que todas las empresas deban solicitar inmediatamente un concurso voluntario.
En determinadas circunstancias pueden existir soluciones de negociación o reestructuración que convenga valorar previamente.
Ventajas de analizar la insolvencia antes de que se agrave
Una evaluación temprana permite conocer la situación económica real de la sociedad.
Para ello, conviene revisar su tesorería, las obligaciones pendientes, los vencimientos y la capacidad de generar ingresos.
También es importante identificar si existen garantías personales, avales o compromisos asumidos por los administradores o socios.
Con esta información resulta más sencillo determinar qué opciones legales son viables.
Alternativas al concurso de acreedores
La legislación española contempla mecanismos preconcursales que pueden permitir abordar determinadas dificultades financieras.
Entre ellos se encuentran las negociaciones con acreedores y los planes de reestructuración, sujetos a sus correspondientes requisitos.
Estas herramientas pueden resultar útiles para empresas cuya actividad sigue siendo viable, pero que necesitan reorganizar sus obligaciones financieras.
Sin embargo, no todas las situaciones permiten alcanzar una solución negociada.
Cuando la insolvencia se encuentra muy avanzada, puede ser necesario acudir al procedimiento concursal correspondiente.
El procedimiento especial para microempresas
Existe además una cuestión importante para los negocios de menor tamaño.
La legislación concursal contempla un procedimiento especial para determinadas microempresas, con reglas propias de tramitación, continuación y liquidación.
Este régimen se aplica, en términos generales, a empresarios o sociedades que hayan empleado durante el año anterior una media inferior a diez trabajadores y que cumplan los umbrales económicos establecidos legalmente.
Por tanto, antes de comparar exclusivamente el concurso voluntario y el necesario, debe comprobarse si la empresa está sujeta a este procedimiento especial.
Esta distinción resulta especialmente relevante para pequeños negocios y autónomos con actividad empresarial.
Qué documentación conviene preparar ante una posible insolvencia empresarial
Cuando una empresa atraviesa dificultades financieras, disponer de información económica completa permite adoptar decisiones mejor fundamentadas.
Entre la documentación que habitualmente resulta relevante se encuentran:
- Las cuentas anuales y la información contable actualizada.
- La relación de acreedores, con identificación de importes y vencimientos.
- El inventario de bienes, derechos y obligaciones.
- Los contratos financieros y comerciales relevantes.
- La documentación relativa a garantías y avales.
- La información sobre trabajadores y obligaciones laborales.
- Las previsiones de tesorería y continuidad de la actividad.
La documentación exigible dependerá del procedimiento aplicable y de las circunstancias concretas de la empresa.
Es importante que los datos sean completos y coherentes, ya que una información incorrecta o incompleta puede complicar la tramitación judicial.
Cómo puede ayudar un abogado especializado en concursos de acreedores
Afrontar una situación de insolvencia requiere algo más que presentar una solicitud ante el juzgado.
Antes de iniciar cualquier procedimiento es necesario determinar cuál es la situación económica real, qué obligaciones legales existen y qué consecuencias puede tener cada alternativa.
El asesoramiento jurídico permite valorar cuestiones especialmente importantes para los administradores de sociedades, como la conservación de la actividad, las posibles responsabilidades personales o el tratamiento de las deudas.
En Maralta Legal ofrecemos asesoramiento a empresas y empresarios que necesitan afrontar situaciones de insolvencia y tomar decisiones con seguridad jurídica.
A través de nuestro servicio de asesoramiento en las fases del concurso de acreedores, ayudamos a analizar las circunstancias de cada caso y las actuaciones jurídicas que pueden resultar necesarias durante el procedimiento.
Nuestro objetivo es que los responsables empresariales comprendan las implicaciones de cada decisión y puedan actuar con información suficiente.

La importancia de actuar a tiempo ante una situación de insolvencia
Una empresa puede atravesar dificultades económicas sin que ello implique necesariamente el final de su actividad.
Sin embargo, ignorar los problemas financieros o retrasar decisiones importantes puede reducir las alternativas disponibles.
La diferencia entre el concurso voluntario y el necesario no se limita a una cuestión procesal. También influye en las facultades de administración y en la forma en que se desarrolla el procedimiento.
Por eso, cuando aparecen señales de insolvencia, lo recomendable es analizar la situación cuanto antes y determinar qué mecanismos legales resultan adecuados.
Actuar con diligencia no garantiza evitar el concurso ni todas sus consecuencias, pero puede ayudar a proteger mejor los intereses de la empresa y a reducir riesgos innecesarios.
Preguntas frecuentes sobre el concurso voluntario y el necesario
La principal diferencia es quién solicita la declaración judicial. El concurso voluntario se inicia, con carácter general, a petición del propio deudor, mientras que el necesario es promovido por un acreedor u otro sujeto legitimado. También existen diferencias en las facultades de administración y disposición del patrimonio, aunque el juez puede modificar el régimen general en los casos previstos por la ley.
Sí. La declaración de concurso no implica necesariamente el cierre inmediato de la empresa. En determinados casos, la actividad puede continuar durante el procedimiento, siempre dentro de las condiciones y limitaciones legalmente aplicables. La viabilidad económica y las circunstancias de la sociedad determinarán las posibilidades reales de continuidad.
La presentación de la solicitud no supone automáticamente la declaración de concurso. El juzgado debe examinarla conforme a los requisitos legales y, cuando proceda, el deudor podrá formular oposición. Si finalmente se declara el concurso necesario, se aplicarán sus efectos legales, incluido el régimen general de suspensión de facultades patrimoniales, salvo decisión judicial diferente.
La calificación del concurso como culpable puede dar lugar a distintas consecuencias para las personas afectadas, incluida, en determinados supuestos, la responsabilidad patrimonial. Sin embargo, esta responsabilidad no es automática ni equivale necesariamente a responder de todas las deudas de la sociedad. Deben concurrir los requisitos legales correspondientes y examinarse las circunstancias del caso.
















